Bueno, pues anoche hice, después de bastante espera, mi segunda polisomnografía.
¿El resultado? Pues me temo que, como mínimo, tendré que esperar hasta mañana para saberlo. La otra vez, me llamaron al día siguiente por la mañana, pero anoche me dejé el móvil en casa y he venido directo a la oficina, sin pasar por la casilla de salida ni cobrar los doscientos dólares.
Adicionalmente, he dormido fataaaaaaaaal. Mejor dicho, casi no he dormido :(.
A saber: hoy he dormido con un dispositivo CPAP (cosa que, en teoría, deberé hacer el resto de mi vida). Lo del CPAP es una mascarilla que se coloca sobre la nariz a través de la cual se bombea aire continuamente, para impedir que se cierren las vías respiratorias.
¿El problema? Pues que parece que tengo una nariz con forma rara. La mascarilla me apretaba en el puente de la nariz. Mucho. Donde “mucho” significa que hace 9 horas que dejé de tener la mascarilla puesta y todavía me duele.
Así que, con el dolor atroz (bueno, quizá exagero un poco, pero dolía y mucho) que sentía en la nariz, lo de dormir iba mal. Y eso que pedí que me la aflojaran, pero no podían aflojarla más de cierto punto o perdería la estanqueidad y no serviría de nada.
He pasado la mañana bastante más zombi de lo normal; tentado he estado de pedirme la tarde libre para dormir.
Lo que más miedo me da es que me digan que la prueba no vale y que hay que repetirla.