Tiempo
Veo esa taza y lo primero que me viene a la cabeza es “seguro que la pintaron unas monjas“.
Porque eso es algo que me llama la atención. De repente, a una mujer le llega la vocación y decide meterse en un edificio bastante antiguo con otras mujeres a las que les ha llegado la vocación y pintar nombres de gente y fechas con pintura de oro sobre piezas variadas de cerámica. ¿Qué mejor manera de servir a Dios? Pero hoy no tengo planeado meterme con la iglesia.
Fechas. ¿Por qué celebramos unas y no otras?
Celebramos anualmente la fecha de nuestro nacimiento, con más pena o alegría dependiendo de mil y un factores. Celebramos las bodas, las defunciones, el Día de los Enamorados y el Día de la Madre.
Celebramos el levantamiento en armas contra el ejército de ocupación francés y lo llamamos “Día de la Independencia”. Lo cual es más bien falso, ya que la susodicha independencia tardaría aún cuatro años de guerra en llegar. Dime, ¿qué día capitularon las tropas napoleónicas o cuándo se firmó la Pepa?
Como ya he dicho, celebramos la onomástica de un martir del siglo III no determinado con tarjetas, joyería, dulces y flores.
Celebramos no se sabe bien si la aparición de una virgen sobre una columna o la llegada de cierto barco a cierto continente o la expulsión de las tropas árabes del sur de la península o vete tú a saber qué la víspera de mi cumpleaños. Lo cual, personalmente, me viene bastante bien, porque así mi cumpleaños suele caer en puente.
A todo esto, celebro mi cupleaños. Teniendo en cuanta mis traumas, cada año tengo menos ganas de hacerlo. Sinceramente, me suele costar mucho alegrarme de haber nacido. Además, mis cumpleaños tienen cierta tendencia a dar por culo por sí mismos.
Y hay tantas cosas que celebrar y no celebramos.
¿Por qué no “el aniversario del día en que me di cuenta de que nunca sería astronauta”? ¿”San Deudín, el Día de los Hipotecados”? ¿”El aniversario del engendramiento de nuestro primer hijo”?
Propongo que celebremos el “día del becario explotado”, el “día del buen estudiante”, el “día del mal estudiante”, el “día del parado” y el “día del político honesto”. Para este último, propongo que sea un día a medio camino entre Navidad y fin de año.
¡Pensad en la industria de las tarjetas de felicitación! ¡Ellos también tienen que ganarse el pan! Propongo mil y un nuevos eslóganes y modelos de tarjeta.
Por delante: “Pasarán muchos años, cambiarás de trabajo y ganarás y perderás amigos, pero hay alguien que nunca te abandonará…“; dentro: “…el EURIBOR. ¡Felíz día de los hipotecados!“. Delante: “Cuanto más me acuerdo de tí, más convencida estoy de que aquel fue el día más feliz de mi vida, ca…“; dentro: “brón. ¡(In)Feliz aniversario de divorcio!”.
Hay tantas cosas que celebrar que no celebramos, tantos sentimientos que expresar que no expresamos, tantos regalos estúpidos que hacer que no hacemos…
¿No es una lástima?
